LOS PRIMEROS PAISAJES ALTOMEDIEVALES EN EL INTERIOR DE HISPANIA

LOS PRIMEROS PAISAJES ALTOMEDIEVALES EN EL INTERIOR DE HISPANIA. REGISTROS CAMPESINOS DEL SIGLO QUINTO D.C. (Libro en papel)

Editorial:
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO
Año de edición:
Materia
Arqueología
ISBN:
978-84-9082-101-5
Páginas:
352
Encuadernación:
Rústica
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El presente volumen constituye la edición de la tesis doctoral defendida por el autor en la Facultad de Letras de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea UPV/EHU en noviembre de 2009. Llevaba por título "Escenarios de emergencia de un paisaje social y político altomedieval en el interior de la península Ibérica durante la quinta centuria. Cerámica, necrópolis rurales y asentamientos encastillados", y fue dirigida por el Dr. Juan Antonio Quirós Castillo.

El autor desarrolla un análisis de aquellos registros arqueológicos del interior de la península Ibérica que sirven para caracterizar las transformaciones acaecidas en ese territorio a partir de su desmembramiento del Imperio romano a inicios de la quinta centuria. Una valoración explícita de su enfoque y postulados y la revisión crítica del panorama historiográfico contribuyen a contextualizar los principales problemas que surgen al tratar de historiar la que tal vez sea la parte más opaca de la denominada Edad Oscura.

En el trabajo se propone que las producciones cerámicas conocidas como TSHT (Terra Sigillata Hispánica Tardía) conocen una transformación arqueológicamente reconocible a partir de inicios de la quinta centuria y son, por tanto, distinguibles de las producidas y distribuidas durante el siglo IV d.C. La corrección de la datación de este material aconsejaría restringir las fechas manejadas para la actividad de las necrópolis "del Duero" a esa centuria, y lo mismo sucede con la ocupación de los asentamientos fortificados o en alto. El argumento central que se desarrolla en la obra es que tanto unas como otros serían rasgos reconocibles de un contexto social, político, económico e ideológico postimperial. Contribuyen así a establecer una suerte de eslabón entre unos paisajes bajoimperiales dominados por las grandes explotaciones aristocráticas (villae) en los que la población rural desempeña un papel pasivo, con unas manifestaciones materiales casi invisibles, y los paisajes rurales altomedievales protagonizados por activas comunidades aldeanas. Las formas de sociabilidad propias del campesinado altomedieval se manifiestan probablemente por primera vez en las necrópolis postimperiales, donde a través del ritual se revelan los roles sociales desempeñados por individuos que gozan de una cierta libertad y reivindican su lugar (por modesto que sea) en la escena política del momento. Los asentamientos fortificados son un producto de las coordenadas sociopolíticas de la primera mitad de la quinta centuria, aunque algunos puedan tener una secuencia de actividad breve. Pueden interpretarse como el rasgo más visible de la desigualdad social que se mantiene sobre el terreno tras el colapso del Estado. Herederos en parte de los sistemas de dominio social bajoimperiales, parecen albergar a unas elites de mucha menor escala que las del pasado, aunque tal vez la arqueología sólo reconozca en ellos a los administradores delegados de la gran propiedad, refugiada en la ciudad.

La propuesta choca con frecuencia con la escasez de registros arqueológicos disponibles y la precariedad de la documentación, mucha de ella antigua, producto de intervenciones apresuradas, poco sistemáticas o sin la suficiente programación. Ni las respuestas a las preguntas iniciales ni las conclusiones del trabajo pueden ser tajantes o definitivas, pero permiten establecer una agenda y una batería de nuevas preguntas para la investigación futura sobre la arqueología del campesinado altomedieval del interior peninsular en sus etapas formativas.