Si tuviera que quedarme con una definición de la literatura de Luis Landero sería la que dio recientemente Fernando Aramburu en El País:
un excelente cronista de la vida gris, autor de narraciones protagonizadas por personajes comunes y algo pardillos, que, en un momento dado de la trama, se atreven a concebir un sueño, una ilusión, un proyecto.
Los temas y tendencias de Landero parecen poder adivinarse como en esos juegos infantiles donde se dibuja a través de la unión de puntos.
En primer lugar, sus protagonistas, incluso cuando él mismo ocupa este lugar, parecen vivir de manera tranquila y monótona. El salto a lo extraordinario, a la oportunidad de ascender a la categoría novelesca, se da a través de la imaginación, de los sueños o de las mentiras, como apunta Aramburu.
Otro de los pilares fundamentales de su escritura es la infancia. No me refiero con esto a que sea una temática utilizada, sino más bien el lugar desde el que escribe. Como expresaba en el programa televisivo Esta es mi tierra, “mi dulzura es la naturaleza y el verano, que es tanto como decir la melancolía de la infancia”.
A lo largo del post, trataremos de armar el retrato de este autor, original de Albuquerque (Badajoz), pero que ha vivido desde la adolescencia en Madrid. Hoy en día, Luis Landero ocupa un lugar prominente en las letras españolas. Indagaremos en sus temas, obsesiones e inquietudes a través de sus obras más insignes.
Juegos de la edad tardía (1989)
Parece que fue tardíamente cuando Luis Landero se introdujo en el paisaje literario español. Ya en la cuarentena publicó Juegos de la edad tardía (Cátedra), que le valió una incursión galardonada con el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa.

Landero da puntadas, en la novela, de lo que serán los puntos cardinales de su producción literaria: el contraste entre la realidad y la vida que se anhela, personajes vulgares ascendiendo a la categoría de héroes y personajes picarescos, canallas.
Esta es la historia de Gregorio Olías, o eso creemos, porque a medida que avanza la narración, este protagonista se reinventa a sí mismo. Así es como conocemos a Faroni, la identidad que se crea Gregorio a través del contacto telefónico con un representante de su empresa, para escapar un poco de la cotidianidad. ¿Qué pasará cuando este representante acuda presencialmente y conozca a Gregorio… o a Faroni… o a ambos?
Bajo este argumento, Landero despliega toda su maña literaria. Este libro, de corte quijotesco y kafkiano, e incluso con cierto ambiente de realismo mágico, contiene multitud de géneros, desde la poesía heroica, hasta el relato de intriga. Un ejercicio literario delicioso y detallista, que hace al lector no querer salir de sus páginas.
Y, sin duda, un buen lugar desde el que comenzar a leer a Landero.
Retrato de un hombre inmaduro (2009)
Otra característica que se repite en la literatura de Luis Landero es la localización. Retrato de un hombre inmaduro (TusQuets) es una novela de barrio, una novela coral, de confluencia de historias.

Un hombre de 65 años narra, también a sí mismo, la historia de su vida. Una vida rapsódica con un protagonista inmaduro y contradictorio: sesudo e infantil, responsable y arbitrario. En definitiva, un hombre contemporáneo.
La maestría con la que Landero dibuja este perfil hacen de este libro un goce literario, además de honesto.
La vida negociable (2017)
Para el protagonista de la próxima novela, todo en la vida puede ser negociable. Al menos así se lo enseñaron sus padres, que, al igual que él, condujeron por el camino de la corrupción y la mentira.
Hugo, nuestro protagonista, pasará toda la novela luchando entre la idea grandiosa que tiene de sí mismo y el verdadero don que se le ha dado: la peluquería, con la que no se quiere conformar.

Luis Landero dijo de La vida negociable (TusQuets) que podría haberse titulado “historia de un hombre inútil”, porque, pese a que Hugo cree estar llamado a hacer grandes cosas, éstas nunca llegan.
Una historia que engancha, que nos coloca frente a nuestras expectativas, frustraciones, además de presenciar una construcción perfecta de un pícaro moral, un personaje pintoresco que nos regala Landero.
Lluvia fina (2019)
Lluvia fina (TusQuets) es la historia de una familia. Una de esas historias que se desvelan poco a poco y que terminan empapando, como indica el título, mediante una lluvia fina pero persistente.
Gabriel decide reunir a la familia para celebrar el 80 cumpleaños de su madre. Esta llamada desencadenará no pocos demonios del pasado, rencillas que han quedado enquistadas y que este nuevo encuentro reavivará.

Esta novela habla de la familia, pero sobre todo invita a reflexionar sobre la verdad. Esa verdad que cada uno tiene como propia e irrefutable, una verdad parcial o construida. Las historias que nos contamos a nosotros mismos sobre lo que ocurrió en el pasado.
Una historia ridícula (2022)
Un hombre, con una vida corriente, pero con una grandiosa idea de sí mismo, se enamora un día. Un amor de esos que llenan libros.
Una historia ridícula (TusQuets) es la historia de Marcial, encargado en una empresa cárnica, que nos narra los vericuetos de la conquista de su amada. Una historia cómica que, tal y como ha confesado el autor, ha escrito el propio personaje. En este caso, Landero ha sido un mero transcriptor de lo que Marcial narraba.
La obra más divertida de Luis Landero.

La última función (2024)
La última función (TusQuets) es también el último lanzamiento literario de Luis Landero. Esta obra salda una deuda pendiente con el mundo del teatro, ya que nuestro autor fue profesor durante muchos años en la Real Escuela Superior de Arte Dramático.
Ya auguraba Landero que nunca escribiría teatro. Es este libro, pues, su mayor acercamiento al género, pero, como suele, desde los raíles de la narrativa.

La última función entrelaza la vida de dos protagonistas: Tito y Paula, que, de una manera u otra, han experimentado decepciones, fracasos o sinsabores en sus vidas. Tito es un artista puro, auténtico, amante de toda la obra de Lorca. Paula, una mujer con una infancia feliz, cuya vida se torció al enamorarse a los 15 años.
Será el teatro y un pequeño pueblo de la España vaciada, lo que les haga recobrar la esperanza.
¿No te pica la curiosidad?
Retrato de Luis Landero
Para completar el retrato literario de Luis Landero, nada mejor que sumergirnos en sus dos novelas más autobiográficas.
El balcón en invierno (2014)
Cansado de la ficción, Landero se embarcó en la selección de distintos fragmentos de su vida. Su infancia en el campo extremeño, su llegada a la ciudad, la muerte de su padre.

En un episodio de Página Dos, Luis Landero habla sobre El balcón en invierno (TusQuets). La muerte de su padre fue el suceso que más le marcó en su vida. Landero fue un joven que decepcionaba constantemente las expectativas de su padre, y no fue hasta su muerte que comenzó a comprenderle.
En esta novela conocemos a distintos personajes de la familia de Landero. Hay una mirada retrospectiva del mundo rural en el que nació, un mundo que se está perdiendo.
El huerto de Emerson (2021)
Por último, pero no menos importante, El huerto de Emerson (TusQuets) es un libro miscelánea. Landero se da un paseo por el pasado y en él encuentra sus obras fundacionales.
Ralph Waldo Emerson sostiene la idea que le da título al libro: a todos nos ha sido dado un terreno propio que debemos cultivar a lo largo de nuestra vida. Bajo este aserto, Landero retoma la memoria y las lecturas que le han conformado como persona y escritor.

Y hasta aquí el post de esta semana. Esperamos que esta lectura te haya acercado más a la figura de Luis Landero y te haya animado a leer alguno de sus libros. Nosotros, desde luego, nos los apuntamos todos.
¡Hasta la próxima!
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