CATÁLOGO DE PLATERÍA

CATÁLOGO DE PLATERÍA. MUSEO CARMELITANO DE ALBA DE TORMES (Libro en papel)

Editorial:
UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
Año de edición:
Materia
Historia del arte
ISBN:
978-84-9012-837-4
Páginas:
222
Encuadernación:
Rústica
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El convento de la Anunciación de Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes es el octavo de los diecisiete fundados por Santa Teresa (en 1571) y en él, en 1582, murió la Madre Teresa de Jesús y fue enterrada en el templo, donde hoy es venerada en el retablo mayor. En 2014 se inauguró CARMUS, el Museo Carmelitano que recoge piezas con valor religioso, histórico y artístico, procedentes una parte de los primeros años de vida conventual y otra, la mayor, reflejo de la devoción a la Santa en su monasterio, incrementada tras su beatificación y su canonización: 1614 y 1622.

Entre ellas ocupa un destacado lugar la orfebrería conventual, algo más que artes decorativas o suntuarias, y cuyo mérito no radica ni en el oro, ni en la plata, radica en el delicado trabajo de cada una, en su alta calidad estética. Aquí se guardan piezas llegadas por la ruta del Galeón de Manila, que desde finales del XVI y hasta el XIX unió esa ciudad con Acapulco, Veracruz, y el puerto de Sevilla. Otras chinas, indo-lusitanas, y de toda la América Hispana. Y junto a ellas excelentes obras italianas, o parisinas. Otras muchas de talleres peninsulares, especialmente de Madrid y Salamanca.

Entre la orfebrería destaca el magnífico altar de plata con frontal y gradas (1734, Francisco Villarroel) y sus dos expositores. En las vitrinas hay cruces, relicarios, vinajeras, incensarios, hostiarios, navetas, salvillas, sacras, bandejas, campanillas, acetre, copones, cálices, tres bellas custodias, dos cruces filipinas, ejemplares de platería americana, y otras valiosas piezas, entre ellas "la alhaja", escaparate de taracea y balaustres de marfil con un relieve excepcional, con un repertorio de follajes y elementos barrocos de marfil, bronce, plata, nácar, carey, coral, ... Una de las piezas más conocida es el birrete octogonal regalado a la Santa en 1922, de oro, con piedras preciosas (zafiros, brillantes, perlas, esmeraldas, topacios, amatistas y rubíes). Por su belleza y su riqueza destacan los relicarios de las reliquias de Santa Teresa, el del corazón con trazas de Herrera Barnuevo, el del brazo y la rica arca de plata que guarda su cuerpo dentro de la urna sepulcral. Todas esas piezas de CARMUS y las de la sacristía son aquí certeramente catalogadas por Manuel Pérez Hernández.