JEAN-JACQUES ROUSSEAU

JEAN-JACQUES ROUSSEAU (Libro en papel)

Editorial:
INSTITUCIÓ ALFONS EL MAGNÀNIM
Año de edición:
Materia
Filosofía
ISBN:
978-84-7822-983-3
Páginas:
640
Encuadernación:
Tela
Colección:
BIOGRAFIA
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La vida de Jean-Jacques Rousseau constituye un material extraordinario para escribir una novela. Comienza precisamente como una novela de Dostoyevski y acaba como otra de Kafka.

Este hijo de Ginebra, de la "nueva Sión", que pertenece a la "raza de los justos", es humillado desde su juventud, obligado a "arrastrarse" y a ejercer, por lo demás bastante mal, todos los oficios: grabador en diversas ocasiones, lacayo, maestro de canto, amante, preceptor, secretario de embajador, músico, polígrafo. A través de aventuras, fracasos, desventuras y humillaciones, Rousseau va constantemente a la búsqueda de sí mismo. Hasta 1749. Este es el año en que, inopinadamente, mientras viajaba por el camino de Vincennes, después de haber leído en el Mercure de France el tema propuesto para el premio de la Academia de Dijon, descubre otro universo y se convierte en otro hombre. Rousseau experimenta una profunda transformación. Todas las miserias y las ofensas desaparecen en el sentimiento de su propio valor. Algo que había sido sembrado en él durante la infancia y que, a pesar de todo, no podía morir, salía finalmente a la luz. En los diez años siguientes Rosseau decide reformarse. Tiene dificultad para convertirse en el Diógenes del siglo. Vende su reloj, se gana la vida como copista de música. Su vida en el Ermitage, y después con los Luxembourg, es confusa. Pero compone su obra contra corriente, recrea el mundo, define un hombre nuevo.

En 1762, la publicación del "Emilio" y el "Contrato social" abre la historia de sus desgracias. Se ordena su captura. Huye de Francia. Lo vemos en Suiza, en Inglaterra. Vuelve a Francia. Allá por donde va se siente vigilado y proscrito. El mundo entero le parece conjurado en su contra.

La vida de Jean-Jacques –pues no es sólo un Rousseau lo que Guéhenno ha pretendido escribir– es la historia de un hombre que lucha por someterse a la verdad, de una voluntad aplicada a vivir en la verdad, de un hombre que a partir de un momento dado vive como piensa y piensa como vive. Guéhenno acaba su libro confesando el temor de no haber sido capaz de llegar hasta el fondo, de que todavía tiene que aprenderlo todo de Rousseau, de que lo único que ha hecho es verificar que los hombres pueden ser no sólo lo que son, aquello que la necesidad les ha obligado a ser, sino también lo que hacen, lo que quieren ser.

Los historiadores, los economistas, los filósofos, atribuyen muchas causas a nuestras revoluciones. Pero el principio eterno de las revoluciones no es sino la angustia de la verdad y la voluntad apasionada de armonizar el desorden del mundo con una idea de lo justo y de lo verdadero concebida en las conciencias más exigentes. Mientras haya alguien que no acepte el mundo tal y como es y que vuelva a intentar su creación, la revolución que Jean-Jacques llevaba en su espíritu no se extinguirá.