Mussolini, cuyo aspecto físico no pasaba desapercibido, fue fusilado en 1945 y, ya muerto, colgado en la plaza pública.

Aquella inolvidable, pero no memorable orgía de violencia, precedió al rastro folletinesco dejado por su cadáver. En 1946, ya después de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de la República se lo entregaron en el más absoluto secreto a los frailes del convento de cerro Maggiore, después de que militantes neofascistas lo hubieran sustraído del cementerio milanés de Musocco y las fuerzas de orden público se hubieran movilizado para recuperarlo.
En 1957, más de diez años después de su fusilamiento y cuando estaba descubriendo el horror del holocausto, por esas cosas que tiene la política, el cuerpo del Duce pudo por fin descansar en Predappio, su localidad natal. Ese cuerpo que, en vida, Jung lo retrató en una entrevista como “el hombre de la fuerza física”, con él “se tiene la agradable sensación de estar frente a un ser humano, mientras con Hitler se siente miedo”.
El cuerpo del Duce
El historiador Sergio Luzzatto dedicó varios años a seguir la pista de ese carisma y, a través de él y de la reconstrucción de la historia de su cuerpo, nos ofrece una visión del fascismo y del antifascismo cultural y político, pre y postbélico. “El cuerpo muerto del duce se merece una investigación histórica, aunque solo sea porque la nueva Italia se juramentó sobre él para construir un futuro pacífico, democrático y republicano”, subraya el autor en el prólogo.
El cuerpo del Duce (Prensas de la Universidad de Zaragoza) es una apasionante radiografía de las representaciones de Benito Mussolini en el imaginario colectivo a través del seguimiento histórico de su cuerpo físico, antes y, especialmente, después de muerto.
Gestión de la memoria
El libro de Sergio Luzzatto pone sobre la mesa una reflexión: el incordio que puede suponer la gestión la memoria de las grandes figuras de la historia cuando desaparecen los regímenes políticos que las encumbraron, nos dice el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Pedro Rújula.
Luzzato describe en su libro cómo durante más de diez años, la República italiana no se sintió suficientemente fuerte como para soportar la existencia de un sepulcro en el que se pudieran celebrar ritos nostálgicos y cómo, en ausencia del cadáver, los italianos fantasearon sobre el destino de los restos mortales del duce. “La incesante actividad de la imaginación y la ardua labor de la memoria produjeron dos relatos diferentes alrededor del cadáver de Mussolini: uno, despiadado con los verdugos; otro, proclive al perdón del dictador y sus seguidores”, concluye.
¿Refleja la vida póstuma del duce algunas características de la cultura política republicana? A juicio del autor, sin duda. Y algunas de las “primordiales”: intransigencia e indulgencia, radicalismo y transformismo, deber de la memoria y arte del olvido.
Similitudes entre Italia y España
Pero el lector de esta obra, sobre todo el lector español, encontrará materia de reflexión no solo sobre Italia sino también sobre España. Lo avisa el autor en el prólogo a la edición española: “Más allá de las evidentes diferentes evidencias temporales, espaciales y fácticas, la historia póstuma del duce y la del caudillo español comparten numerosos aspectos”.
Los argumentos políticos sobre la conveniencia o no de “reabrir viejas heridas”, los indicios culturales que revelan la pervivencia del líder en el ámbito del imaginario, tanto en la literatura como en el cine o en el arte, y las formas psicológicas a través de las cuales la memoria del difunto (amado u odiado) convive en los vivos (de un lado y de otro) son algunas de estas coincidencias evidentes para el autor.
No hay pasado inmóvil
Para Pedro Rújula, uno y otro caso nos dan una lección de historiografía: “La lectura que cada sociedad hace de su pasado es mutable y se construye sobre la revisión crítica de una historia que se forja desde la sensibilidad y el saber del presente. No hay pasado que permanezca inmóvil a la luz de un presente que, vacilante, se desliza hacia un futuro incierto”.


